viernes, 2 de septiembre de 2016

Ogoño

La combinación del entorno montañoso con el litoral siempre ofrece imágenes impactantes: acantilados vertiginosos, vientos marinos penetrando en los bosques, azules y verdes rivalizando en las panorámicas. Es uno de los grandes atractivos de toda la costa cantábrica y, aunque Bizkaia no posee grandes elevaciones al borde del mar, podemos encontrar lugares donde los dos elementos se funden en estampas casi perfectas.

Uno de ellos es el gran promontorio de Ogoño, que se interpone entre Elantxobe y la playa de Laga, reuniendo una espectacular y escarpada zona boscosa sobre una mole de roca que cae en picado sobre el mar. Podemos conocer su cima y su más deslumbrante mirador en una excursión que es posible regular a voluntad: desde un sencillo paseo hasta una ruta algo más larga y complicada, según lo que nos apetezca, pero que en todo caso merecerá la pena.

               DISTANCIA: 5,2 km.  
            DESNIVEL: 165 m.  (140-305)    CENTENARIO / TECHO MUNICIPAL Elantxobe
DIFICULTAD: Baja 5 (1-1-3) Dificultad de tránsito / orientación / desnivel acumulado
ITINERARIO  (circular)  Inicio y final: Cementerio de Elantxobe
            VIAS: Camino de cemento, sendero de tierra, zonas de roca
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, autopista dirección Donostia-San Sebastián hasta Amorebieta. Tomar BI-635 en dirección Gernika y aquí dirección Lekeitio. BI-2238 pasando Kortezubi y Arteaga. Después, BI-2237 en dirección Ibarrangelu y Elantxobe. Bizkaibus A3513 Bilbao (Termibus)-Gernika-Lekeitio
TRACK: Wikiloc
Más información:
Guía Cartográfica de Bizkaia mapa 5
Mapa IGN MTN-50-38-Bermeo



Señales junto al cementerio
Si llegamos en coche a Elantxobe, antes de acceder a ese casco urbano de perfil imposible, un desvío a la izquierda indica ‘Ogoño’. Debemos tomarlo para, en cosa de un kilómetro, alcanzar una explanada justo al lado del cementerio. Aquí iniciamos la marcha (si partimos del pueblo, simplemente hay que subir en dirección al camposanto, que está correctamente señalizado).

Junto a la tapia del cementerio una flecha direccional marca 30’ a Ogoño, junto al GR que enlaza con Atxarre. Seguimos este trazado y rápidamente empezamos a ganar altura por pista de cemento. Por la derecha queda primero una casa rural con unas vistas escandalosas sobre parte de Elantxobe y las sucesivas puntas que se internan en el mar hacia el Este, y algo después dejamos un último caserío.
Vistas al Este

Junto a un poste eléctrico hay una bifurcación, donde tomamos el camino de la derecha. Pasamos a pista de gravilla y pronto nos internamos en un cómodo camino, prácticamente llano, bajo pinos y eucaliptos, saliendo a la vertiente occidental de esta especie de península. De forma que, poco a poco, se empieza a abrir la perspectiva sobre el estuario de Urdaibai: primero la isla de Izaro y Matxitxako, luego Bermeo y después el tramo costero que enlaza con Laga. Una maravilla en un día claro.

Camino bajo arbolado
El camino gira ligeramente hacia el interior, teniendo de frente lo que es claramente la cima. Dejamos por la derecha un desvío hacia la antigua cantera (Karobia) y seguimos, siempre por un agradable sendero, ganando terreno el firme arenoso propio del eucaliptal. Un cartelito nos indica que por la derecha tenemos la cumbre, llamada Atxurkulu, y para allá nos vamos.

Trepando por la roca
Avanzamos por un senderito cada vez más estrecho donde el entorno se empieza a poblar con encinas y madroños, a la vez que se vuelve más intrincado y cada vez más rocoso. Según vamos alcanzando la máxima cota, se hace más necesario emplear las manos y progresar con cuidado. Dejamos por la derecha un promontorio que asoma directamente sobre la enorme brecha que divide el monte en dos mitades, como cortado por un cuchillo, y ya vemos por la izquierda la cumbre, señalada con la habitual ikurriña, que en esta ocasión nos facilita mucho la orientación.

Atxurkulu (cima)
En unos pocos metros alcanzamos la minúscula cima (OGOÑO o Atxurkulu, 305 m.), ocupada por el gran mástil y dos buzones, casi sin sitio para moverse, pero con excelentes vistas: vemos la costa por ambos lados, aunque con perspectiva menos clara que en la subida, y también tenemos amplias perspectivas sobre la zona prelitoral. Hacia el norte se distingue con claridad la elevación de Talaia, que es justamente hacia donde iremos.

Ahora toca deshacer el camino de subida, lo que habrá que hacer con algún cuidado para no liarnos,
Aproximación a Talaia
como ocurre en estas zonas de calizas y encinar. En lugares algo confusos, la recomendación es siempre retroceder si no vemos el camino claro, porque empeñarse en aventuras suele ser garantía de meterse en líos, a veces poco agradables (y aún más bajando). De vuelta en el cruce, tomamos ahora la pista anterior hacia la derecha. Alternamos algunas vistas desde ahora impresionantes hacia el oeste con tramos cada vez más tortuosos, y ya tenemos al lado el tremendo promontorio de Talaia, en cuya cúspide se ve gente, figuras muy pequeñitas, casi colgadas sobre el abismo, algo que corta la respiración.

Playa de Laga, Bermeo y Mundaka al fondo
Sin ningún problema -y con bastantes excursionistas siempre que hace buen tiempo-, accedemos a esta pequeña cumbre (TALAIA, 276 m.). El lugar es tan espectacular como poco recomendable para quienes padecen de vértigo. Se trata de una punta rocosa justo encima de inmensos paredones visibles desde kilómetros, que caen en vertical directamente sobre el mar, es decir, los 276 metros a plomo. Por ahí parece que hay vías de escalada bastante famosas, y la gente se asoma a los salientes para hacer fotos… mientras algunos permanecemos unos pasitos más atrás. Obviamente, las vistas son brutales, con la playa de Laga a nuestros pies, lo que acrecienta la sensación de vértigo total.

Atrás queda la cima
Parece que esta atalaya la utilizaban antiguamente para comunicar a los marinos el avistamiento de ballenas en el Golfo de Bizkaia, y desde aquí se divisa lógicamente también la cima principal de Atxurkulo, visitada antes. Un poco más adelante –hacia el norte- hay otro pequeño promontorio rocoso, menos multitudinario, y ahí parece que termina todo. Si no tenemos ganas de más, no hay más que volver tranquilamente por el camino de ida hasta nuestro punto de partida.

Pero nosotros vamos a seguir el recorrido por la línea de acantilados, aunque todo parezca ser rocas y maraña de encinas. Pero si nos fijamos, en bajada en dirección al mar encontramos unas marcas rojiblancas (creo que es el GR 98). Las seguimos en bajada bastante fuerte y, sobre todo, escarpada, sinuosa, entre rocas que afloran y encinar
Por el bosque
enmarañado. Todo un laberinto donde perderse puede ser fácil, pero en este caso, con un sendero bien marcado, basta con prestar atención a la pintura, buscar siempre la marca siguiente, para no tener problemas.

El camino es realmente espectacular, pero hay que tomarlo con calma porque queda bastante, unos 2,5 o tres kms., que no se hacen deprisa en este tipo de entornos. Tras un pequeño claro rocoso, nos adentramos del todo en la espesura, las ramas sinuosas por donde el sol penetra como atomizado, rocas cubiertas de musgo, el
Balcón sobre el mar
sendero que serpentea sin fin. Junto a una enorme mole rocosa hay una especie de vertiginoso balcón –como los que veremos después, oportunamente cerrado con unas ramas- con caída directa al mar que serán no sé, 80 o 100 metros, una cosa escalofriante. Todavía encontraremos un par de miradores parecidos más adelante, poco más o menos igual de terroríficos.

Elantxobe, de vuelta
Tras un trayecto de unos 20 minutos, y un tramo en que perderemos unos cuantos metros, salimos a terreno más despejado, y una baliza de la Diputación anuncia el fin del área protegida del encinar. Circulando entre dos vallados, un cartelito indica hacia Elantxobe por la izquierda, que es la dirección que debemos tomar, para seguir un estrecho sendero, pasando junto a una caseta, y salir junto al caserío Beotegi al mismo Elantxobe, más bien en su parte alta. Pasamos el mirador de Europa –donde no se ve mucho más que los tejados- y, con sólo coger la primera calle hacia la derecha en subida, volvemos en un pispas a nuestro punto de partida. 

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