domingo, 28 de abril de 2013

Camino '87 4ª jornada: Valdenoceda-Masa (37 kms.)




Una de las etapas más largas de todo el Camino, uno de los pasos más duros, y uno de los paisajes más ásperos. El perfil lo dice todo. Una prometedora jornada que no defraudaría.

Dejamos Valdenoceda rumbo al sur y sin tiempo para pensarlo, tenemos de frente LA MAZORRA, un señor puerto que nos llevará a los 1.000 metros de altitud tras remontar unos 300.

La página de altimetrías que a veces consultamos, hace una literaria descripción del entorno, que no nos resistimos a reproducir parcialmente:

‘No nos equivocamos si consideramos a este puerto como el Mirador por excelencia de la ‘perla de las Merindades’, el maravilloso valle de Valdivielso, que conforma un singular paisaje en el que los prados y las arboledas se extienden bajo la inmensa atalaya vertical de extrañas formaciones rocosas
Iglesia de El Almiñé
del paraje de los Cárcavos, en las laderas de la Tesla. Siempre ha sido bastión invulnerable en épocas de conflicto y paso obligado de comunicación entre la Meseta y el Cantábrico. (...) Una prueba de que nos hallamos en un paso natural para llegar a la Meseta castellana la tenemos en la llamada Calzada del Pescado, que desde El Almiñe - unido prácticamente a Valdenoceda, pueblo en el que damos inicio a nuestra ascensión-, remonta la ladera montañosa hasta alcanzar la ermita de Santa Isabel y un curioso pozo de agua de origen romano’

Prácticamente palabra por palabra, será justo lo que hará nuestra expedición.

Esta vez, alguien debía conocer muy bien la zona porque, efectivamente, eluden la carretera y siguen por la N-232 para girar a la derecha hacie el citado El Almiñé, y en unos 500 metros coger la calzada romana, que se introduce en el macizo acompañando al arroyo Cuesta.

Subiendo la calzada de La Mazorra
Y como hoy nos ha dado por ir a las fuentes originales, copiamos del libro de ruta que avanzan ‘entre valles verdes y cantos rodados con salida a la ermita de la Virgen de la Hoz, patrona de la zona. La calzada se conserva bien a pesar de los siglos y la falta de atención de la mano del hombre, toda ella empedrada con las líneas laterales y mediana perfectamente definidas. Merece la pena subir el puerto recordando historias romanas, cultura, soldados, florecimiento… Hoy día es el camino que usan los del lugar para trasladar sus ganados a la meseta’.

La calzada enlaza en efecto la Meseta con los valles cantábricos, recibiendo, la denominación de Calzada del Pescado o Ruta de la Lana, dependiendo de los usos obvios que se le atribuyan. Así nos lo cuentan esta página y esta otra, en la que firma un interesante artículo el siempre inquieto Iñigo Muñoyerro. 

Realmente, seguir esta ruta le da mucho mayor interés al camino que la aburrida carretera, aunque cabe suponer pendientes más potentes que las adaptadas para los coches –incluso pensando en los trazados de hace 25 años. En efecto, la vieja calzada acorta el itinerario de forma decisiva, pero a cambio de duros desniveles del 20% hasta la ermita de la Virgen de la Hoz a que se refieren los textos anteriores. Así que no está muy claro si nuestros amigos subían precisamente recordando historias romanas, o más bien jurando en arameo.
Ermita de la Virgen de la Hoz

Lo cierto es que la experiencia les quedó muy bien grabada, porque la crónica hace referencia a ella varias veces, y sus protagonistas aún no la han olvidado. Como también era de esperar, queda para la posteridad el puerto rebautizado con un juego de palabras bastante previsible, que no repetiremos.

Tras alcanzar la ermita, hay que recuperar el trazado de la CL-629, para lo cual hay un sendero o camino vecinal (bueno, lo de vecinal suena un poco a broma teniendo en cuenta la densidad demográfica de la zona) que sale por la derecha, y como en 1 km. nos devuelve al asfalto.

Algo más de 3 kms. de rectas nos conducen a PESADAS DE BURGOS (km. 101) topónimo sobre el cual tampoco haremos más bromas. Transitamos por la cota de los 1.000 metros, ya encaramados en la meseta castellana, y llevamos 14 kms. de camino, ascensión incluida. Pero queda todavía tela.

Villalta
En realidad, a partir de este punto ya no encontraremos nada que recuerde a la presencia humana. Bueno, sí, tras la friolera de otros 13 kms., pasando el pequeño puerto de Tamarizos, alcanzamos Villalta, que no es sino una vieja aldea abandonada. Llegamos a un cruce, donde por la izquierda nos iríamos a Poza de la Sal, pero tiraremos para la derecha, para entrar así en el Páramo de Masa. 
Páramo de Masa (vista aérea)

Por si teníamos poca soledad y todavía no nos había sobrecogido un aire de desolación, ahora nada nos librará. Inmensas llanuras que recuerdan a las que se debieron encontrar los pioneros del oeste americano, sol abrasador durante el día y frío polar por las noches, nieblas que aplastan los relieves… tierras duras por las que todavía quedan por recorrer los últimos 10 kms. Un tramo relativamente largo si lo hacemos en una excursión, pero que alcanza dimensiones siderales en medio de esta nada abrumadora.

Llegamos finalmente hasta el pequeño núcleo de MASA (km. 124), un puntito de vida en estas exageradas extensiones, donde concluye la extenuante jornada. Curiosamente, el sello de la Junta Vecinal se estampa otra vez a las nueve de la noche.

Masa
37 kilómetros son muchos kilómetros (bueno, a nosotros nos salen unos 35, pero tanto da), y más cuando se arrastran tres días de camino, varios puertos, algún aguacero, el calor del verano castellano, la indefensión de los páramos. Quizá por estos recios parajes terminaron por desbordarse, de golpe y sin disfraz, todas las enormes cargas que impone el Camino.

viernes, 19 de abril de 2013

Arraba

En la montaña vasca los pastos de altura ofrecen con frecuencia estampas espectaculares en las que el verde intenso de los prados contrasta con impactantes afloraciones calizas, escoltado todo ello por cresteríos y cimas que parecen inexpugnables. Podemos verlo por ejemplo en varios collados en las cercanías del cordal de Anboto, o en las formidables extensiones de Urbia, al pie del Aizkorri.

En Bizkaia quizá el ejemplo más clásico y conocido es el de las campas de Arraba, la más popular puerta de acceso al Gorbea. Colindante al macizo de Itxina y bajo la mirada de los colosos Lekanda y Aldamin, accedemos a Arraba en una tranquila excursión familiar; y si las nubes no lo impiden, tendremos el placer de ver emerger en lo alto la cruz del Gorbea, techo del territorio.

DISTANCIA: 6,2 kms 
DESNIVEL: 200 m. (845-1045)
DIFICULTAD: Muy Baja 4 (2-2-0)
ITINERARIO: ida y vuelta  Inicio y final: Pagomakurre (Areatza)
VIAS: Pista de tierra
ACCESOS: En coche, desde Bilbao, autopista A8 dirección Donostia, hasta salida Vitoria-Gasteiz N-240. Se pasa Lemoa y Artea, y en Areatza se toma a la derecha desviación señalizada al Parque Natural del Gorbeia. En 6 kms. se pasa el área de Larreder y en dos más se llega a Pagomakurre (parking)
Más info:
Guía cartográfica de Bizkaia mapa 63


Perfil (ida)

Como Pagomakurre es el punto más cercano al Gorbea al que se puede acceder en coche, hay que contar con que un día festivo con meteorología más o menos decente nos encontraremos el aparcamiento lleno hasta los topes, con lo que probablemente deberemos dejar el vehículo algo más abajo.

Inicio de la pista en Pagomakurre
Además del parking, Pagomakurre constituye todo un meeting point para montañeros de todo pelaje, desde quienes arrancan decididos a hollar la mítica cima vizcaina o alguna otra de las innumerables que tenemos en los alrededores, hasta los domingueros que, como nosotros, nos daremos por satisfechos con un paseíto para despachar el bocata en una estupenda campa. Tenemos una agradable zona verde con fuente y bancos a ambos lados del asfalto, la minúscula ermita de Nuestra Señora de la Paz y las primeras imágenes de los colosos que nos escoltarán por el camino.

Ermita
Tenemos que recorrer todo lo largo el aparcamiento y al final del mismo, a la derecha del hostal, nace un único camino, señalado con una indicación de 2,8 kms. a Arraba. En lo alto, para empezar a impresionarnos, tenemos los blancos peñascos de Lekanda, bajo cuya sombra circularemos casi todo el trayecto. Y como aquí siempre estamos al loro con los detalles geográficos, en cuanto tomamos la pista, dejamos el municipio de Areatza para entrar en Zeanuri, de donde no volveremos a salir hasta la vuelta.

Como a veces nos ocurre, la cosa tiene tan poco misterio que podríamos limitarnos a decir que debemos subir hasta encontrarnos una preciosa campa con un refugio y un par de hileras de arbolillos jóvenes, con lo que habremos llegado al destino. Pero ¿qué pensarían entonces nuestros seguidores? ¿en qué se diferenciaría el blog de la Guía Repsol? ¿No sería más provechoso y eficiente irnos directos al Wikiloc y olvidarnos de la literatura?

Pues sí, cierto es, pero es que nos apetece contar cosas, enseñar foticos y enredar un poco, para eso estamos.

El camino avanza con una pendiente muy moderada, pasando de vez en cuando junto a alguna casa 
Vista sobre Anboto
que, según nos cuentan, son en su mayoría refugios privados. Muy pronto, quizás a mitad de camino, distinguimos justo delante del Gorbea una verde alfombra, que será justamente nuestro punto de llegada.

Durante todo el recorrido vamos bordeando el contorno oriental del Lekanda, con un par de vistosos cantiles, y el paisaje se abre por la izquierda hacia el valle de Arratia. Si el día es claro, tendremos un hermoso panorama hacia los montes de Durangaldea, con el Saibi en primer término, Oiz más a la izquierda y Aizkorri máas lejos hacia el Este, entre otros muchos.

Y según nos vamos acercando, aparecerán la rotunda silueta de Aldamin por la izquierda, y la redondeada y majestuosa del Gorbea como telón de fondo.

Aldamin y Gorbea desde el camino

La pista, bordeando Lekanda
Así, admirando con calma las fantásticas perspectivas, llegamos tranquilamente al objetivo que hemos tenido casi todo el tiempo a la vista.

Estamos en una extensión amplia y verde, salpicada de pequeñas dolinas, algunas relativamente profundas. El camino de llegada se bifurca en dos: uno sigue por la izquierda en dirección a Eregiñao y el Gorbea, y el de la derecha se dirige, tras pasar junto al refugio Ganguren, hacia algunas de las crestas que delimitan Itxina por el Este.

Cruz de señales
Las campas invitan a deambular por los alrededores, con la compañía de ovejas y caballos, disfrutando del idílico entorno. Mirando al valle, junto al camino del Gorbea y sobre el barranco de Lanbreabe, una mesa de orientación nos ayuda a identificar los innumerables picos que se van extendiendo al Norte y Este. Por cierto que a nuestros pies encontramos –aunque a simple vista es difícil de distinguir- varios seles o kortak, las antiguas demarcaciones agrícolas de forma circular que dan nombre a tantos montes de nuestro territorio.

Vista parcial de las campas

Lógicamente, llegados aquí lo primero que se nos ocurre es tumbarnos en la hierba, sacar el piskolabis o simplemente mirar el paisaje. Pero como todo esto es muy aburrido, proponemos darse algún garbeo por los alrededores:
  • por el camino que indica ‘Eregiñao’ continuamos la ruta hacia el gigante bocinero. En poco más de 1 km. llegaríamos al paso de Aldape, uno de los lugares más conocidos de este itinerario, con un tramo más o menos aéreo y vistas incluso más amplias que desde Arraba
  • siguiendo el camino de la derecha según hemos llegado pasamos el refugio y seguimos junto a un arroyo, para encaminarnos hacia Kargaleku por donde, entre pedreras y con el Gorosteta por la izquierda, nos adentramos en el biotopo de Itxina. No obstante la belleza del lugar, de no conocer bien la zona tampoco conviene internarse mucho más porque a partir de aquí la orografía empieza a ponerse complicada
  • y podemos optar también por atacar una buena rampa que enfila por el verde hacia Lekanda, con las pequeñas crestas de Kuxatx y Arteta por la izquierda (paso de Igalerantz). La pala tiene su desnivel, aunque no presenta mayores dificultades; otra cosa será la ascensión a la cumbre, que ya tiene más sustancia y la dejaremos para mejor ocasión.
 Y terminamos con algunas vistas más:

Gorbea bajo las nubes



Vistas al Este

Peñas de Arteta
Como se puede comprobar, el camino en sí no nos da pie a contar muchas cosas. Pero recorrerlo merece la pena para admirar todo lo que ofrece este espléndido escaparate montañero, un trayecto y un destino que nos dejarán el magnífico recuerdo de una incursión por las cercanías de algunos lugares míticos de los montes de Bizkaia.

martes, 9 de abril de 2013

Larrañazubi


La comarca de Uribe-Kosta y, en concreto, el municipio de Getxo, son sobradamente conocidos en su vertiente marítima y playera. Pero sus tierras interiores guardan también amplias extensiones en las que persiste su origen rural. Internandonos por estos parajes descubrimos apacibles imágenes de caseríos, pequeños ríos, cultivos y frutales, que a duras penas resisten el empuje de los núcleos urbanos y las infraestructuras.

En este tranquilo paseo vamos conociendo parte de esta diversidad, casi siempre oculta a vecinos y foráneos. Siguiendo el curso del arroyo Larrañazubi enlazamos el humedal de Bolue con la torre de Martiartu, recorriendo el pequeño valle de Kontrasola, siempre a la espalda de carreteras y centros comerciales diariamente frecuentados por miles de personas.


DISTANCIA: 9,2 kms 
DESNIVEL: 30 m. (10-40) 
DIFICULTAD: Muy Baja 3 (0-3-0)
ITINERARIO: ida y vuelta  Inicio y final: c/ Lexarreta-Avda. de los Chopos (Algorta)
VIAS: Carretera, sendero
ACCESOS: Desde Bilbao en coche, BI-637 hasta rotonda de Artaza. Se sigue recto hasta el semáforo, donde se toma (derecha) la Avda. de los Chopos hasta cartel indicador de la ermita de Santa Coloma. Se gira a la derecha y unos metros después se accede a la c/ Lexarreta, junto al río Gobela. Metro Aiboa. Bizkaibus A3471 Cruces-Getxo parada Avda. de los Chopos, 40 (desde Barakaldo)
Más información:
Guía cartográfica de Bizkaia mapa 15


            En esta ocasión partimos de la plena civilización, cerca de la transitada carretera de Fadura, poco antes de llegar al polideportivo. Siguiendo lo indicado en Accesos, partimos al lado del viejo y siempre rebelde Gobela, razonablemente canalizado y con un camino pedestre-ciclable que discurre por la margen contraria a donde nos encontramos. Continuamos en paralelo al río por la calle Lexarreta, que finaliza unos metros después, y seguimos otro poco por paseo peatonal hasta alcanzar un puentecillo, que cruzamos.

Puente sobre el Gobela
          Salimos por la trasera del colegio público Larrañazubi a una carretera junto a varios pabellones, y tiramos a la izquierda, para pasar bajo la autopista. De inmediato, nos encontramos junto al humedal (o marjal) de Bolue, con un cartel informativo, y por ahora nos limitaremos a circunvalarlo por un lado. Continuamos recto por la acera enlosada en piedra, pasando un pequeño mirador; a  veces se entreve la charca, aunque por el lado contrario tendremos después mejores perspectivas.

El camino vuelve a situarse bajo la autopista, describiendo una curva bajo su trazado, hasta que vemos por la derecha un cruce con diversas señales. Aquí tenemos que tomar esta carreterilla, (DESVIO) siguiendo las indicaciones hacia el ‘aula medioambiental’, el Vivero Fadura y el ‘hotel canino’. Volvemos a cruzar el río (Larrañazubi o Bolue, según las fuentes), junto al cual seguimos un trecho en paralelo, admirando el bonito arbolado de ribera.

En el siguiente cruce seguimos por la izquierda, dejando por la derecha la desviación hacia el ‘aula
Arbolado junto al río
medioambiental’. Nuevo paso sobre el río y enfilamos ya el tramo casi recto donde iremos viendo diversas casas a ambos lados, con una verde vega junto al cauce, paisaje que nos acompañará la mayor parte del trayecto.

Lo primero que llama nuestra atención es la finca del Vivero Fadura, donde miles de plantas y arbolitos perfectamente alineados nos muestran un colorido inigualable. Seguimos adelante desechando todas las posibles desviaciones, que siempre se adentran en fincas privadas, hasta encontrar una casa con un muro rojo. Aquí abandonamos la carretera por la derecha (DESVIO-ERMITA) y vemos un mugarri que marca la divisoria entre Berango y Getxo. En efecto, venimos transitando por el primero de estos municipios desde que pasamos bajo la autopista, y ahora haremos una pequeña incursión en el segundo.

A media ladera ya se observa nuestro primer objetivo, la ermita de SANTA COLOMA (o Santa Columba) de Rotaetxe, y nos encontramos de nuevo con el río, con hermosos avellanos que parece crecer en el centro mismo del cauce. Hay que remontar una rampa por la trasera de un par de viviendas unifamiliares, y alcanzamos sin dificultad el curioso edificio religioso.

Santa Coloma de Rotaetxe
La ermita es tan sencilla como encantadora y bien conservada, y forma una grata estampa rural con ovejitas paciendo en las campas aledañas. Tiene como curiosidad una campana exenta, y apenas se distingue su interior, sumamente austero. El término Rotaetxe parece que se deriva de un antiguo molino situado en las cercanías. Realmente, esto tiene poco que ver con el Getxo que conocemos, las playas, el lujo decadente de Neguri, la ciudad dormitorio…

De no ser que nos conformemos con la ermita y demos por concluido aquí el paseo, volvemos a la carretera girando a la derecha, es decir, siguiendo la dirección que traíamos, para continuar nuestro periplo. Ahora el camino es algo más ondulado, con arbolado y grandes acumulaciones de zarzas por la izquierda. Las pequeñas elevaciones dejan ver al sur parte del colegio Askartza (del que han surgido, entre otros, algunos famosos futbolistas y un juez al que conocimos en tiempos remotos) y ocultan después los edificios de la UPV. 

Llegamos a un cruce con un banco, donde seguimos recto, desechando el camino que sube por la izquierda (Larrañazubi bidea), y pasamos algún otro regato, hasta alcanzar finalmente la perrera. El cartel señala ‘hotel canino’ y lo cierto es que de su recinto surge toda una sinfonía de ladridos, algunos lastimeros, que para los poco amigos del mundo de los perros resultan algo inquietantes y nos impulsan a seguir sin pausa hacia delante. En un momento fugaz, si nos fijamos bien a nuestras 2, se atisba al fondo la torre de Martiartu hacia donde nos dirigimos.

Poco después debemos abandonar el asfalto. Por la izquierda sale un camino cementado, y de frente la carretera finaliza en el caserío Sesumaga: justo donde termina un pequeño arbolado con una gran higuera
Caserío Sesumaga e inicio del sendero
(derecha)
surge un senderito poco pisado que gira a la derecha en dirección al río, que es el que debemos tomar (SESUMAGA). Según nos cuentan, conviene seguir esta traza sin internarse para nada en la finca, porque los propietarios de esta zona son bastante sensibles a las incursiones de extraños.

Nos aproximamos así a una pequeña arboleda junto al cauce, y seguimos unos metros en paralelo al mismo, para acceder a otro pequeño bosquete, donde el camino parece borrarse por momentos. Pero unos metros después desembocamos en otro camino vecinal, frente al vallado de otra finca, donde giramos a la izquierda en ligera subida. Justo en este punto confluyen los municipios de Getxo, Leioa y Erandio, por el último de los cuales transitaremos en adelante.

Por la izquierda tenemos después una caseta y, tras ella, primero una especie de balsa cerrada con un muro, que no aparece en los mapas, y pocos metros más arriba, un campo de prácticas de golf, cuya presencia parece insólita procediendo de donde venimos. Pero no lo será tanto, porque casi de inmediato, nos situamos al lado del las conocidas instalaciones deportivas de Martiartu, y encontramos por fin la torre (MARTIARTU), que era nuestro objetivo final. En una agradable campita con fuente, se encuentra otra vieja ermita, en este caso de San Antonio, aledaña a la fortificación que nos detenemos a contemplar.  

Torre de Martiartu
La torre es imponente, de carácter claramente militar (no la típica casa-torre), por lo visto destruida primero y reconstruida en el siglo XVI. Aunque nos dicen que está vacía por dentro, no podemos verlo, porque la única escalera conduce a una puerta tapiada. La erosión de la piedra arenisca es llamativa y da lugar a formas curiosas. Un panel explicativo nos informa exhaustivamente sobre el edificio, y si aún queremos saber más, tenemos esta interesante página con todo tipo de detalles.

Hay que advertir que si la marcha se nos ha hecho demasiado larga, lo tenemos un poco crudo porque, que sepamos, desde este punto no hay transporte público hacia ningún sitio. Para encontrarlo, lo más cercano pueden ser las instalaciones de la UPV, a donde tampoco será tan sencillo ni breve acceder.

          A la vuelta, Bolue

Hemos dejado para el regreso la visita al humedal de Bolue, muy próximo a nuestro punto de partida. Tras deshacer todo el camino hasta el paso bajo la autopista, debemos ahora tomar el camino de la derecha, siguiendo la acera enlosada del principio, junto a una barandilla de madera. Advertimos que por
Camino bordeando el humedal
un falló técnico el track no incluye esta variante de vuelta, aunque el camino es muy evidente.


           Desconocíamos -como supongo que la mayor parte de la gente- que el humedal es en realidad de origen artificial, un antiguo embalse para el abastecimiento de aguas que posteriormente fue abandonado, iniciando un proceso de naturalización que ha dado lugar a una zona húmeda de gran interés ecológico. Situaciones así hemos visto en otros lugares (la presa de Bolintxu, por ejemplo), lo que nos recuerda que la naturaleza siempre hace su trabajo. La protección de esta pequeña área generó gran preocupación durante la construcción de la autopista, pero finalmente se consiguió preservar tan interesante entorno.

           En las inmediaciones de la balsa han prosperado, junto a especies vegetales propias de estos lugares, diversas especies de anfibios y aves, que con algo de suerte se pueden observar entre carrizos, espadañas y árboles de ribera, desde alguno de los miradores habilitados o en los pocos claros que se abren desde el camino.

Por la acera indicada vamos recorriendo el perímetro del marjal, hasta salir a la trasera de los campos de fútbol de Fadura. Giramos después a la izquierda, internandonos por una agradable zona verde, para desembocar finalmente junto al panel informativo del principio de la marcha, por donde retornamos a nuestro punto de partida.

           Como nuestros conocimientos sobre la riqueza de la avifauna del humedal son nulos, dejamos la referencia de esta página de bizkaia21 y esta otra del Correo, que nos cuentan muchas cosas interesantes al respecto. Y si nos va más el rollo audiovisual, en la red hay unos cuantos videos que se pueden contemplar. Pero siempre mola más en persona, y además hacemos ejercicio.




jueves, 4 de abril de 2013

Camino '87 3ª jornada: Bercedo-Valdenoceda (31 kms.)




Terminábamos la etapa anterior refiriendonos a los problemas que nuestros peregrinos encontraban para pasar la noche, lo que constituirá uno de los principales motivos de desasosiego. Pensemos que en 1987 no había albergues ni nada que se le pareciese, y menos para veinte personas. Así que había que improvisar gestiones que terminaban en los lugares más variopintos, parroquias, algún local municipal, un polideportivo o un pajar, al raso e incluso en un cementerio.

En todo caso, tocaba dormir en el suelo. Pensaremos que bueno, son chavales de 20 años y recuperan bien casi de cualquier manera; pero la verdad es que meterse una paliza de caminata y no poder descansar en condiciones acaba con la resistencia de cualquiera. Más adelante contaré alguna experiencia personal al respecto.

Todo esto lo recoge el relato de que disponemos, cuando narra cómo hacen mella en los peregrinos ‘acostumbrarse a dormir en el suelo, a comer a deshoras, no disponer de una ducha al final de la etapa, madrugar…’ Algunos parece que llevaban francamente mal lo de estar cuatro o cinco días sin ducharse, o sin poder lavar la ropa. Cosas que parecen secundarias, pero a la hora de la verdad constituyen un lastre más, y no desdeñable.

A estas alturas, tras dos etapas, la segunda bastante peliaguda, ya se van haciendo a la idea de lo que se van a encontrar casi cada día. Aunque todavía faltará ajustar el reloj psicológico, quizá lo más difícil, quizá algo que no se llega a conseguir del todo nunca.

Bien. Salimos de Bercedo con la moral (y el cuerpo) bastante castigados, para seguir la N-629 en dirección a Villarcayo. Pasamos Villasante de Montija, y en 5 kms. estamos en EL CRUCERO (km. 61). Por la derecha nos iríamos hacia Espinosa y por la izquierda –siguiendo la Nacional- hacia Medina, pero hay que seguir la dirección que traíamos, ahora por la CL-629.

Gayangos
Otros 6 kms. nos acercan a GAYANGOS (km. 67), cerca de donde hay unos conocidos lagos. La trayectoria es casi siempre una larguísima recta que atraviesa campos en general desprovistos de arbolado. Es otro de los elementos que castigan el coco en los trayectos por muchos parajes castellanos: esas rectas interminables transmiten la sensación de no avanzar, de que ese pueblito que se ve al fondo está siempre a la misma distancia, que es igual lo que hagamos, porque nunca llegaremos. Un palo, vamos.

Pero claro, no podíamos llegar a Villarcayo sin que algo nos abra un poquito más el apetito. Nada más abandonar el pueblo anterior nos espera el alto de BOCOS. El puerto impresiona menos que el Cabrio, pero tiene también su gracia. Es más corto –apenas 3 kms.- pero acumula tramos de desnivel incluso mayor, por encima del 10%.

Atravesando Bocos
En total hay que remontar como 200 metros desde Gayangos, pero en este caso la tachuela está mejor situada, el desgaste que llevamos es menor que el día anterior y tenemos cercana la perspectiva de un descanso poco más adelante. Además, no nos consta que cayera otro chaparrón.

Ahora toca bajar, que siempre es más llevadero. Descendemos con decisión las estribaciones sureñas del cerro de Fresnedo, y dejamos por la derecha la carretera comarcal que se dirige a los imponentes paisajes de Ojo Guareña y Sotoscueva. Pasamos el núcleo urbano de Bocos, y en otros 3 o 4 kms. de rectas, estamos por fin en VILLARCAYO (km. 76)

Villarcayo
 Como decía antes, tras 20 kms. de marcha desde Bercedo, suponemos una pausa  más o menos amplia en esta importante y animada población, que en verano está repleta de veraneantes vascos. La capital de la comarca de Las Merindades posee una agradable zona verde junto al Nela, buen sitio para tirar la mochila y tumbarse un rato a descansar.

La hoja de ruta incluye una referencia que sorprende un poco, porque cita la estación sepulcral de Cigüenza y la iglesia de Escaño. Estos son dos pequeños núcleos al oeste de Villarcayo, siguiendo por monte aguas arriba del Nela, pero distan del casco urbano el primero como 1 km. y el segundo otros dos y pico, con lo que llama la atención que el grupo se desplazase hasta allí. Tampoco es imposible pero, la verdad, hacerse 6 kms. extra a media etapa parece algo bastante insólito.

Un nuevo tramo recto nos lleva en 5 kms. a VILLALAÍN (km. 81), atravesamos un altozano junto a una cantera, y poco más adelante enlazamos con la N-232 (carretera de Santander). Llegamos así a INCINILLAS (km. 83), población situada en una especie de paso entre dos pequeñas elevaciones.

Desfiladero de los Hocinos
Y al fondo, el puente
Un trecho más adelante nos acompaña el curso del Ebro. Esto facilita relativamente el trabajo, porque de nuevo hay que ganar metros para atravesar las estribaciones occidentales de la sierra de la Tesla, y la hoz que abre el río (y con él, la carretera) permite seguir un perfil más llevadero. Por el espectacular desfiladero de los Hocinos, con el no menos vistoso Puente del Viento, salimos al valle.

Alcanzamos así VALDENOCEDA (km. 87), localidad ligeramente apartada del cauce fluvial, que cuenta con una notable torre y también con el dudoso honor de haber albergado el 'penal de los olvidados', donde fueron encerrados en condiciones terroríficas varios miles de prisioneros republicanos.

La etapa ha sido larga (31 kms., de medición muy exacta), aunque con perfil algo más benévolo que la anterior, y con el obstáculo de Bocos mejor situado, antes de medio camino.

Seguramente en esta ocasión habrá pesado más el aspecto psicológico, las largas rectas, la mayor distancia recorrida; pero quizá haya servido también para ir habituandose a la idea de caminar casi todo el día, a la necesidad de coger un ritmo que cada uno debe llevar de una forma diferente, para ir avanzando en la lucha por dominar el cansancio, engañarle, domesticarlo… Cosas esenciales que sólo se aprenden a base de echarnos kilómetros a las espaldas.

Nada de esta población nos cuenta nuestro cronista, ni tan siquiera sellaron aquí la credencial; pero es que igual el narrador tenía en la cabeza lo que esperaba al día siguiente, nada más levantarse…